SANDRA

Sandra Ramírez López – 24 años – Caracterizadora & Make up artist.
Muchos ven un tatuaje como una mancha en la piel, es verdad que no deja de ser tinta…pero no es así, es arte. Cada persona te contará una historia diferente si le preguntas por lo que lleva grabado en su piel y en mi caso no podría contarte solo una. Mi primer tatuaje me lo hice a los 18 años, la razón fue haber perdido algo que nunca recuperaría: la niñez, esa etapa en la que aunque no quieras todo comienza a cambiar. A los años continué cuando dos seres queridos dejaron de ser el pilar de algo tan grande como es la familia.

No todos mis tatuajes cuentan el recuerdo de algo perdido (me refiero fisicamente) también son la muestra de mi personalidad, pues Rockmantic acompañado de la calavera me hicieron confiar en lo que soy ahora. Por último decir que refuerzan la amistad o la llegada de mi compañera fiel que me espera ansiosa en casa, siempre estarán ahí, me acompañan en mi día a día, y no solo por estar grabados en mi piel.

SANDRA

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YEYES

Yeyes Lucas – 31 años – Comercial y Relaciones públicas.

Siempre me han gustado los tatuajes étnicos, en los que todo tiene un significado: un por qué. Desde la tradición india y marroquí con la henna en las bodas, a las señas de estatus en las tribus, o los tatuajes maoríes…etc

En mi caso los tatuajes anuncian un cambio. El primero me lo hice con 17 años, el momento en el que mi vida giró por completo, me tatué un Om (era yo muy mística). Después he seguido en esa línea a un solo color y con estilo ornamental, tengo Ahimsa, es jainista que simboliza la noviolencia, también me tatué la rueda del Dharma budista.

Llegó el momento en el que me sentía fuerte y estaba decidida, me lancé y estoy cumpliendo uno de mis sueños: llenar mi espalda al completo. Está siendo duro porque núnca imaginé tanto dolor. Es tan bonito y tan personal que cada día estoy mas feliz con él y con Inma, mi tatuadora.

El tatuaje en definitiva, dice mucho de la persona, se mete en tu piel y forma parte de tí.

YEYES

OROITZ

Oroitz – 37 años – Fotógrafo Social.

Desde casi siempre quise tener tatuajes, pero hasta los 18 años no me dejaron hacerme uno, así que cuando los cumplí sin pensarlo demasiado le presté mi brazo a una niña pija que estaba aprendiendo a tatuar, fue toda una experiencia llena de sangre, dolor y lágrimas pues mi tatuadora acabó prometiendo entre sollozos que no volvía a tatuar.

Casi desde el principio es un tatuaje que yo no hubiese querido, pero hoy en día que lleva conmigo más que lo que estuve sin él, no me lo quitaría ni lo cambiaría por nada.

Llevo también a Ganesh en el pecho, es el dios de la sabiduría, creador y destructor, pertenece a otra época de mi vida y como buen elefante creo que me da suerte.

OROITZ

ANGELA

Ángela – 26 años – Química y cocinera.

A veces un tattoo es más que un tattoo. Una aguja simboliza más que el acero que la compone y la tinta no es solo negra, son los colores con que se pintan los momentos. Y se pintan a veces sonrisas y a veces lágrimas. Queda la impronta de un instante, la desnudez ya no lo es tanto, albergando en cada trazo un puñado de alegrías que no caben en un solo brazo…

ANGELA